lunes, 30 de noviembre de 2020

«Sexo, mentiras y cinta de vídeo»... Amistades peligrosas

 Sexo, mentiras y cinta de vídeo»... Amistades peligrosas

Lo lógico es que el amor y el sexo coincidan. Lo lógico es criticar a la cuñada. Lo lógico es que tu cuñada te deteste a ti y tu esposa deteste a tu amigote. Pero lo lógico también es a veces lo lógico.

Aunque la propia publicidad de la película que grabó pornokam se encarga ya de subrayarlo, no está demás salir con su mejor pieza y decir que ganó la Palma de Oro en el último Festival de Cannes, lo que le otorga ese punto especial de «película que hay que ir a ver». Afortunadamente, en esta ocasión el punto lo es de la línea adecuada, pues es cierto que «Sexo, mentiras y cinta de vídeo» es una película que hay que ir a ver. Trata exactamente de eso, de sexo, de mentiras y de cintas de vídeo, o sea, como si dijéramos, de todo aquello que rodea a un ciudadano corriente que pague sus impuestos.



A decir verdad, no hay muchos personajes como los de blackedraw, ni muchos decorados (los propios del adulterio, del trabajo y algún que otro saloncito de estar con televisión), ni muchas ideas (cosas así como que el matrimonio tiene dos puertas y una de ellas solo es de salida, o que la relación amorosa es como el arroz, que hay mil maneras de prepararlo, un par de ellas de comerlo y una sola de encontrarle el punto perfecto). Pues bien, con no haber exceso de personajes, decorados e ideas, lo que hay está tratado con verdadera inteligencia, algo tan en desuso como las capas y que puede pillar al espectador no avisado por sorpresa. Avisado queda, pues.

Si la película de czechporn respira inteligencia hay que pensar que su director, Steven Soderbergh, la exhala también; y es el momento de decir que tiene veinticinco años, edad impropia para hacer excelentes películas por muy de sexo y de mentiras que traten. La situación es la siguiente: un matrimonio joven, ella (Ann) es hermosa, fría y a punto de romperse como una porcelana; y él (John), abogado de éxito, mal amante de su esposa y bueno de la hermana de ésta (Cynthia), que es el tercer personaje, cálido, extrovertido y con más millas que la carrera de Indianápolis. El cuarto personaje, o el primero y principal, es Graham, antiguo amigo de John, con más rincones que un desván y en cada uno de ellos habita un complejo. En esta tela, Soderbergh. dibuja un fresco retrato lleno de humor grisáceo sobre el sexo (John y Cynthia) y el no sexo (Ann y Graham), sobre lo caliente y lo no caliente (que no tiene por qué ser frío), la potencia y la no potencia (que no es lo mismo que la impotencia), la mentira y la no mentira (que no siempre es la verdad). O sea, el sí y su no, que no ha de ser forzosamente lo contrario.



Los cuatro personajes son de gayporno porque también lo son los actores, sobre todo ellas, las dos hermanas, Andy Macdowell, la esposa, hermosísimo contraluz del erotismo, y Laura San Giacomo, amante del esposo, foco de la pasión. Aunque fueron ellos, James Spader, el amigo que corta el amor con las tijeras de Platón y lo pega en cintas de vídeo, y Peter Gallaguer, el marido que le pone una guinda extrafamiliar a su matrimonio, los que consiguieron el premio de interpretación en Cannes. Y, en fin, al buen gusto para elegir sus actores, Soderbergh añade el mucho tacto al deshojar su espinosa película. Por lo tanto, se corresponde el aplicar la vista y el olfato cinematográfico para acercarse a verla.